Un signo solar por sí solo cuenta apenas la mitad de la historia. Con tu hora y lugar exactos de nacimiento, la Luna, el ascendente y las doce casas salen a la luz, y hasta las corrientes de hoy se leen frente a tu propia carta.
El signo en el que estaba el sol al nacer es el que casi todos llaman «mi signo». Cada uno pertenece a un elemento —fuego, tierra, aire, agua— y a una modalidad, y de esa combinación sale su carácter.
Son los tres que se leen primero, y la razón por la que un solo signo no describe a nadie. Lo habitual es que caigan en tres signos distintos.
Las casas dicen en qué zona de la vida trabaja un planeta. La misma Venus se lee como romance en la casa cinco y como carrera en la diez.